sábado, agosto 16, 2008

Filmes de una cabeza inconsciente 33

Me tragué dos clavos. Aún siento el sabor de metal en la garganta.

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jueves, julio 17, 2008

Filmes de una cabeza inconsciente 32

Mi abuela y mi madre tenían mucha flojera de salir a causa del calor. Estaban sentadas en la cama de mi abuela, a la vez que en la televisión pasaban un maratón de una serie cómica antigua. Corrían los créditos del capítulo que terminaba y alcancé a ver que las siglas del productor eran A.F. La serie giraba en torno a una mujer de mediana edad cuyo sobrino se pasaba a vivir con ella, de ahí que la serie se llamara "La Tía [nombre femenino]", y se desarrollaran las situaciones cómicas de cómo la tía (hiperactiva y poco escrupulosa) intentara ayudar a su sobrino con sus problemas pubertosos, entre otros aspectos de la trama. Esto podía apreciarse en el intro de la serie (el cual ya comenzaba con el siguiente capítulo del maratón), en el cual podía verse cómo llegaba el niño a la casa y era recibido por la tía y luego aparecían los personajes de la serie volteando y sonriendo justo cuando aparecían sus nombres, todo entre pequeñas escenas de situaciones al azar con la música de fondo, terminando con un collage de cuatro escenas en disolvencia retesesentera (entre las cuales se podía ver a la tía en diferentes atuendos como uno de piloto y otro de Groucho). En el capítulo podíamos ver a la tía y al sobrino terminando de alistarse para ir a un evento en el Instituto (el lugar donde estudiaba el niño y que a la vez era una especie de club social, alrededor del cual giraba mucho de la trama). En eso, el tío [nombre masculino] (amigo cercano de la tía y no más prudente que ella), que leía el periódico sentado en el sofá de la sala les leyó un artículo que decía que aparentemente demolerían el Instituto debido a unos problemas legales que se habían ocasionado por "unos documentos que fueron encontrados enterrados en Chihuahua, que habrían sido decretados en el hediondo año de 1805".
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martes, febrero 19, 2008

Filmes de una cabeza inconsciente 31

Estacioné mi auto en la calle que suponía estaba cerca del edificio a donde debía llegar. La calle estaba absolutamente llena de hierbas y por el centro de ésta pasaban unas rieles de tren que seguían su misma dirección. A un costado de la calle había monte, del otro había una barda de cemento de unos dos metros y detrás se veía que había más monte. Yo mismo había venido manejando desde el monte pues el lado de la calle por donde vine se perdía en él. Pero hacia el otro lado ya se visualizaba un edificio y piso de asfalto, entonces yo bajé y caminé hacia él. Cuando llegué descubrí que el edificio era un hospital, no era donde yo tenía que ir. Pensé que posiblemente el lugar estaría cerca entonces decidí seguir caminando y dar vuelta a la esquina. Fue así que llegué a otro hospital que se encuentra frente a una fabrica de galletas y una glorieta. Seguí caminando por la acera, estaba llena de puestos de vendedores ambulantes, puestos de chicharrones, helados y demás cosas. Todo se veía muy sucio, el piso estaba oscuro y lodoso, con charcos de esos que reflejan colores aceitosos. Me dió un poco de asco. Fue cuando veía el piso que mi vista llegó a mis pies. Me impacté. Mucho. Cuando manejo mi auto me quito las chanclas para que no me estorben pero, al parecer, al bajarme se me olvidó volver a ponérmelas. Mis pies estaban de un café muy oscuro, las uñas podridas, se veían callosos. Parecía que hubiera trabajado toda una vida en la milpa, la construcción y el basurero sin habérmelos lavado una sola vez. Mierda, la verdad es que sentí un chingo de vergüenza. No podía seguir así, entonces me dí vuelta para regresar a mi auto. Cuando dí vuelta a la esquina del hospital noté una farmacia que no ví cuando llegué. Entré y habían dos muchachas atendiendo. Les pregunté nervioso si no tendrían un jabón que me vendieran, tratando de evitar que vieran mis pies. Me mostraron uno pequeño, del mismo tipo de esos Rosa Venus. Lo compré y salí de la farmacia. Empecé a buscar alguna llave de agua en donde pudiera lavarme. Pensé que sería bueno uno que estuviera cerca del auto, para que no tuviera que caminar mucho descalzo al ir por mis chanclas. Encontré una llave en la acera, pero luego voltée y ví otra más adelante, luego otra y otra. Para mi suerte, cada llave me acercaba más al auto, hasta que llegué a una que salía del muro que estaba enfrente de donde estacioné, quizá a unos seis metros. Como todo estaba lleno de hierba me preocupaba pisar las plantas que tenían espinos. Para evitarlos, me las "ingenié" colgándome del borde del muro y así lavarme los pies sin tocar el suelo. Toda la parte de arriba del muro, excepto justo encima de la llave de agua, estaba llena de esos vidrios rotos que ponen para que no se trepe la gente. Me lavé ambos pies, justo para luego lamentarme de que no sabía ahora cómo llegaría al auto sin volver a ensuciarme. Seguía colgado de la barda cuando ví que llegaban dos tipos caminando sobre las rieles del tren, viniendo del extremo de la calle que se perdía en el monte. Uno de ellos traía una pala. Les pedí ayuda y les lancé las llaves del auto al tiempo que preguntaba si me podían bajar las chanclas que estaban ahí. Las atrapó el de la pala, y con la misma la lanzó hacia mí con todas sus fuerzas. La pala se clavó en el muro justo a un costado de mí. Enseguida, el hijodeputa se subió al auto, arrancó y se fue hecho la madre. Yo grité de impotencia. Por mi auto. Por mis chanclas. Y entonces me solté de la barda para intentar hacer algo, pero caí sobre los espinos y quedé tirado sobre la hierba. Mientras me los quitaba, el otro tipo que estaba con él se me acercó. Dijo que sabía donde se escondería el otro y que me podría llevar. Me paré y empezamos a caminar.
Llegamos y ya era de noche. La casa era alta, como de unos cuatro pisos y era circular. Recordaba a la forma de un faro. Entramos y me mostró el camino al cuarto del tipo. Abrimos la puerta y vimos que estaba acostado en su cama dormido. Cuando nos acercamos me desconcerté al ver que el tipo dormido era yo mismo. El que venía conmigo me señaló una cubeta que se encontraba cerca en el mismo cuarto. Me dijo que gracias a eso podía adoptar la forma de las personas, y que así lo había hecho con mi apariencia. Me acerqué a la cubeta y ví que estaba llena de perritos maltés, todos idénticos a mi perro cuando estaba cachorro. No se movían, creí que eran peluches. Dije que no podía permitir que el tipo siguiera haciendo eso, entonces saqué un encendedor y prendí a los perritos. Enseguida empezaron a moverse y a chillar dentro de la cubeta, mientras se prendían más en fuego. Me desesperé, me arrepentí. Sentía que eran mi perro y que no podía hacer eso. Rápidamente, agarré la cubeta y corrí al baño que estaba en el cuarto. La puse bajo el grifo de la regadera y abrí el agua. La cubeta se llenaba de agua y el fuego se apagó, pero ahora no sabía cómo hacer que el agua se detuviera. Agarré una toalla y tapé la cubeta con ella, sosteniéndola para que no se destapara. Yo sólo lloraba mientras sentía cómo los perritos se ahogaban debajo de mis brazos.
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viernes, enero 25, 2008

Filmes de una cabeza inconsciente 30 (o From the eternal dilemma between saving the world or getting laid)

Me encontraba en la graduación de mi hermano, era de noche. El lugar de la fiesta era unas colinas al aire libre que terminaban en un risco que caía al mar. En las colinas se encontraban las mesas y la recepción, había una zona lounge a la orilla del risco, donde estaban todos los jóvenes. Yo caminé al otro costado del risco, donde habían unas escaleras que bajaban en zigzag por un costado de éste, y luego había una puerta por donde entrabas a un centro comercial que se encontraba dentro de la montaña. Apenas entrabas había un café que tenía ventanas que daban hacia el mar, entré y ví a dos chavas que voltearon a verme. Platiqué un rato con ellas, pero ví entonces la televisión del café. Estaban pasando un programa de emergencia, diciendo que el planeta estaba siendo invadido por unos extraterrestres sapos antropomorfos. Salí rápido del café y subí las escaleras para alertar a todos, pero cuando llegué ya era tarde. Toda la fiesta estaba en pánico, los sapos ya estaban ahí. Tenían unas varas largas, las cuales clavaban a la gente a la altura del ombligo y giraban a un costado, despedazándo a la persona y sacando todas sus vísceras. Toda la gente gritaba e intentaba huir.
Los sapos no asesinaron a todos, pues todavía necesitaban a los humanos para algo. Nos llevaron a una especie de campo de concentración. Inmensas bodegas llenas de gente amarrada a las paredes. A ratos descolgaban a alguien y lo llevaban al centro del cuarto, donde lo despedazaban con sus varas. Principalmente, mujeres. Por lo que yo entendía, ellos creían que esa era la forma de mantenernos vivos. Como si todos los humanos nos fueramos a morir mágicamente si no hubiera un sacrificio cada cierto tiempo.
Luego, nos habían formado a varios afuera de la bodega. Estabamos en fila, como si estuvieran pasándonos lista o algo. Yo estaba platicando con un tipo, y durante la plática dije alguna expresión que hacía alusión a la miarda pero de manera positiva (como si dijera "Esa miarda está poca madre"), refiriéndome a algo que me contó el tipo. Uno de los sapos pasaba cerca de ahí y alcanzó escucharme. Me llamó la atención el asco que le dió escuchar eso, una repulsión tremenda. Entonces yo empecé a decir cosas positivas sobre la miarda, solamente para corroborar. El sapo se disgustó tanto que tuvo que alejarse del lugar. Ví que se acercó a otros y les comentaba algo sobre mí. Se acercaron y me llevaron arrastrado a una construcción en donde estaba su jefe. Al llegar a la sala principal, estaba el sapo jefe sentado en un pedestal. Me preguntó que qué era todo eso que estaba diciendo afuera. Empecé a inventar que los humanos tenemos una fascinación por la miarda, que la tratamos como un dios y que lo que yo hacía era rezarle a mi dios. Incluso le llegué a dibujar las imágenes de unos tótems, que solamente les agregué un diseño y grecas entre las piernas, y le dije que representaban a los grandes dioses cagándose. Todos los sapos que me escuchaban estaban absolutamente asqueados. El sapo jefe no podía creer lo que le decía. Ordenó a todos los sapos que se prepararan para retirarse del planeta, que no podían rebajarse a conquistar a una especie tan denigrante. Los sapos se fueron. Las puertas de los campos de concentración se abrieron, y todos nos fuimos caminando.
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viernes, octubre 19, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 29 (o Bubbles in slow motion)

Por alguna razón, mi primo no quiso ir por el cadáver de su papá, que había muerto en X'caret; así que yo me ofrecí.

Iba solo por la carretera con un aire tremendísimo de road movie, tanto que mi mayor temor era hacer algo que alterara la trama de la película. Me detuve a un costado de la carretera, junto a una pirámide de piedra gris. La pirámide estaba dividida un poco más arriba de la mitad, donde se truncaba en una superficie llena de columnas, y sobre éstas la pirámide continuaba hasta ya terminar en punta. Subí hasta el espacio donde estaban las columnas. Ahí habían dos niños, uno delgado de pelo castaño, como de 15 años y una niña pequeña, rubia, de unos 9. Sus ojos estaban de un color azul muy pálido, y brillaban de la misma forma que cuando diriges una luz a los ojos de un gato. Los dos me dijeron que yo debía hacer algo, pero para lograrlo tenía que atraparlos, o simplemente alcanzar tocarlos. Después, se dieron vuelta, cada uno se dividió en cuatro réplicas de ellos mismos y se perdieron entre los pasillos de columnas. Cuando comencé a correr tras ellos me di cuenta que me movía en cámara lenta. Eso hacía mucho más difícil el poder atraparlos, pues ellos y todo lo demás seguían moviéndose a velocidad normal. Después de un rato logré alcanzar al niño, y sólo me faltaba la niña. Era todavía más difícil, porque cuando me iba acercando a ella, la niña juntaba sus dos manos y las separaba poco a poco, formando una burbuja del tamaño de su cabeza que luego soplaba y hacía volar hacia mí; al tocarme la burbuja, ésta estallaba y yo salía volando golpeándome con las columnas, y cuando me paraba otra vez me movía en cámara lenta. Después de un rato, me di cuenta que tenía puesto un sombrero que me regalaron, lo que hice entonces fue correr y saltar hacia la niña, manteniéndome en el aire durante mucho tiempo pues yo siempre estuve en cámara lenta, mi puño tomando impulso para darle un madrazo. Ella nunca había dejado de hablar desde la primera vez que la ví, a diferencia del otro niño del cual nunca escuché su voz; y seguía diciéndome algo en ese momento, a la vez que formaba la burbuja para aventarme. Al soplarla, yo me quité el sombrero con la otra mano y atrapé la burbuja en la forma circular de la parte inferior, lo que me dejó el camino libre hasta llegar a la niña y soltar el golpe directo a la cara. Ella seguía hablando inmóvil a la vez que mi puño se acercaba en cámara lenta a su cara, pero justo antes de golpearla lo contuve y sólo lo asenté en su rostro. Con esto, sus ojos cambiaron en el instante a color café y continuó hablando, pero más rápido y con acento inglés; yo caí automáticamente al piso, pues mi cámara lenta también desapareció. Nunca supe qué fue lo que logré con esa prueba.

Después de seguir manejando otro rato me detuve en donde enmedio de los dos carriles pasaban unas rieles de tren. Habían dos personas sentadas encima de las rieles, un hombre y una mujer jóvenes, él de piel clara y pelo castaño; ella era al parecer africana, tenía la piel oscura y un adorno en la cabeza. Cuando cruzaba la carretera para acercarme a ellos, pasó junto a mí un tipo en una moto a baja velocidad. Él estaba yendo en sentido contrario, pensé decírselo pero temí afectar la trama de la película y no lo hice. Me acerqué a las dos personas de las rieles, y él empezó a hablarme. Me decía por qué yo estaba haciendo todo esto, y me dijo que ellos eran algún tipo de deidades. Me seguía contando sobre ellos y sobre mí y sobre todo, mientras la otra permanecía callada. De pronto, escuché un impacto, y casi enseguida pasó detrás de mí un trailer a toda velocidad, con la moto de antes incrustada en la parrilla de enfrente. Por un momento pensé que quizá sí debí decirle que estaba en sentido contrario. Entonces escuché una bocina muy fuerte, me volteé y ví que un tren estaba ya casi sobre ellos dos que seguían sentados sobre las rieles. Rápidamente agarre el brazo de él y lo jalé para hacerlo a un lado, pero justo cuando iba a agarrar a ella el tren pasó y no pude sacarla. El tren se detuvo en seco casi en seguida, sin daños. Me hice para atrás y me culpaba de no haberla sacado a tiempo, lamentándome por quizá haber alterado la trama de la película. Él me dijo que no me preocupara, que ellos no debían morir, que estaban hechos de algo que los mandaría a algún lugar como el Paris o el Taris de alguna mitología en caso de que murieran. En eso, ella salió de un paso del interior de la carrocería del tren, como si se separaran dos gotas de mercurio.

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jueves, septiembre 06, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 28

Mi papá estaba en el hospital. Yo esperaba en la cafetería checando algo en una laptop. Mi papá entró y se detuvo a un lado de mí. Yo no lo ví bien cuando se acercó porque estaba distraído. Cuando volteé ví que él se encontraba sentado en una camilla, su piel estaba blanca, semitransparente y con una apariencia gelatinosa. Podía ver algunas venas a través de ella. En vez de ojos tenía unas placas de plástico dentro de los párpados. Eran para que no entrara suciedad. Le habían sacado todos los órganos. Era normal que a las personas les sacaran los órganos, les dieran un tratamiento para purificarlos y se los volvieran a meter. Después de decirme algo, su camilla dió media vuelta y se fue rodando a que se los reimplantaran.

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miércoles, junio 20, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 27 (o Cumpleaños del diseñador)

Después de una conferencia en la universidad, un amigo me dijo que teníamos que matar a un maestro mío. El maestro acababa de irse. Mi cuate dijo que para acortar camino fueramos por periférico y así llegaríamos antes a casa del maestro. Ahí lo mataríamos. Le pisó al acelerador. Íbamos demasiado rápido. Cuando llegábamos al puente de Progreso le dije que bajara un poco la velocidad. Dijo que no había tiempo que perder. Íbamos demasiado rápido. No niego que sentía curiosidad de lo que pasaría. Llegamos hasta lo más alto del puente y su camioneta se levantó. Como si hubiera sido una rampa. La camioneta se elevaba más, al tiempo que el puente descendía. Ya estábamos a una altura que sabíamos que nada bueno podría pasar ahora.

- Wey, ¿ahora qué hacemos?- le dije.

- ¿Pues qué quieres que haga?- respondió.

Sí. En realidad no podíamos hacer mucho. Así que sólo esperamos mientras veíamos cómo el suelo se acercaba más. Se acercaba rápido. Me gusta cómo se siente el vértigo y que se eleva el estómago. Llegamos al piso y el auto se estrelló. Cayó parado, pero la suspensión se despedazó. Todavía derrapamos un poco y tuve ganas de decirle a mi amigo que aún podía ganar control del vehículo. Pero entonces derrapamos de costado y la camioneta empezó a dar giros y destrozarse. Me desmayé. No habría pasado mucho tiempo cuando recobré conocimiento. La camioneta estaba destrozada, pero la cabina nos había protegido y estábamos casi intactos. Mi cuate aún estaba desmayado. Intenté quitarle el cinturón de seguridad, pero estaba atorado. Lo llamaba y lo movía para despertarlo. No reaccionaba. Fue cuando ví que había gasolina chorreando (como todos saben, eso no puede ser bueno. Gracias, cine norteamericano). Lo movía cada vez más fuerte y lo abofeteaba, pero no despertaba. Ví en cámara lenta que del techo caía un pedazo de hule quemándose. Caería justo afuera de la puerta del conductor (aunque ya no había puerta), justo en el charco de gasolina. Le gritaba a mi amigo. Intentaba quitarle el cinturón. Nada. Cuando ví que ya no había tiempo, apenas salí del otro lado de la camioneta. Estalló y yo caí al suelo. Me desmayé nuevamente. Cuando desperté una ambulancia había llegado. Salieron dos paramédicos y me dijeron que mi cuate estaba bien. Que tuvieron que reconstruirle la cara. Me dijeron riéndose que ahora se parecía un poco a mí. Y me mostraron una foto de él en donde sí tenía una leve semejanza, con cicatrices en la cara. Me asomé a la ambulancia y ahí estaba él. Todavía inconsciente. Su cara no era la de la foto. Tenía todavía las costuras, estaba más inflamado y su rostro todavía se asemejaba a él. Lo más característico sería que su boca parecía la de ciertos personajes de Star Wars. Los paramédicos nos ofrecieron llevarnos. Ya era de noche. Casi llegando a casa de mi amigo, pasamos enfrente de una casa en dónde había una tocada. Ví que la banda de mi hermano estaba tocando. Mi cuate se acababa de despertar y dijo que nos quedáramos. Le dije que primero vayamos a su casa que estaba cerca. Su boca ya estaba normal y lo único que le quedaba eran las cicatrices en el rostro, algo rojizas y abultadas. Llegamos a su casa. En la acera estaban sus papás. También en la calle había estacionado un auto compacto, color naranja. Sus viejos se preocuparon. Al vernos llegar en ambulancia. Al verlo así. Él les contó cómo destruimos la camioneta. Y ellos le dijeron que ése auto que estaba estacionado lo habían comprado para regalárselo.

- ¿Y?- dijo él - ¿Ya no me lo van a regalar?

- No.

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viernes, mayo 25, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 26 (o Combo)

Estaba yo en mi cuarto con un amigo. Antes habíamos ido a una fiesta que no había estado muy buena. De repente entraron unos tipos y empezaron a gritarle a mi cuate, le reclamaban que no había pagado por las bebidas que tomó en la fiesta. Lo amenazaban y yo trataba de calmarlos, entonces ví que había un tipo saliendo del cuarto de mis papás con las manos llenas de cosas. Me paré enfrente de él y le pregunté que qué chingados hacía. Me dijo que como mi amigo no pagó por lo de la fiesta pues ellos se iban a llevar cosas para saldar la deuda. Le dije que no me viniera a joder, que esas eran cosas mías y que si quería llevarse cosas que sean las de mi amigo (luego nadie va a mi cumpleaños). Me aventó una playera y bajó las escaleras, en eso escuché que abajo había alguien más. En la sala me topé con el que aparentemente era el líder, un tipo negro y alto. Igual con él me puse a discutir sobre que no se llevaran mis cosas. Como ví que no llegaba a nada le dije Pégame. No lo pensó dos veces y me dió un madrazo en la cara, me botó. Me sobé y me paré. Pégame, le insistí. Me volvió a meter un trancazo que me volteó completo, quedé de espaldas a él y con la misma me golpeó en la nuca y me fui directo al piso. Entonces me volví a parar y le dije que nos partiéramos la madre y que si le ganaba entonces no se llevarían nada. Salimos a la terraza y nos pusimos en toda: lo golpeé en la cabeza, entonces me dió uno en el estómago y me sacó el aire, me cargó y me tiró al piso, me paré rápido y le lanzaba golpes al cuerpo, pero él me volvió a levantar y me estrelló contra el coche de mi madre, a la vez que me sostenía con una mano me golpeaba con la otra, yo hacía lo posible por defenderme y logré ensartarle un puñetazo y alejarlo. En una de esas se me aventó y lanzó un golpe que apenas esquivé doblándome un poco hacia atrás, entonces le sostuve el brazo y lo acerqué a mí. Le dí tres golpes en el rostro y cuando se echó para atrás le dí un rodillazo en el estómago, seguido de un cabezazo en la cara. Se tambaleó unos pasos hacia atras y cayó al piso. No se levantó. Ví que había a mi lado una chava apoyada en el coche de mi mamá, con los brazos cruzados, mirándome muy seriamente y absolutamente estática. Alguien movió la manguera en el jardín, el chorro de agua pasó sobre ella y la empapó. De todas formas ella no se movió.

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sábado, marzo 31, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 25

Dos muchachas estaban dentro de una jaula cuadrada (como las que tenía mi abuelo para sus pájaros), contorsionándose tristemente. Un muchacho estaba fuera de la jaula y las acariciaba. Un poco más apartado estaba otro muchacho parado muy quieto, silencioso e inexpresivo. Empezó a caminar. Se alejaba y se acercaba y los rodeaba muy lento, silencioso e inexpresivo. Un viejo le dijo que él era el más importante y simbólico de todos.

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lunes, marzo 26, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 24 (o Señor, Señor. Piedad, Piedad.)

Un niño vió un crucifijo y le preguntó a su papá '¿Quién es él?'.

Su papá le respondió 'Es Mr. T'.

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lunes, marzo 19, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 23

Fui a ver a una amiga, todavía embarazada, a su casa. Ella estaba acostada en el suelo de la terraza frontal. Estaba parado junto a ella, platicando, cuando llegó una limosnera. Ésta empezó a pedirle caridad a mi amiga, pero ella sólo le decía que se largara y que deje de molestar. La mujer insistía sin parar, a lo que mi amiga solamente seguía rechazando cada vez más molesta. Escuché un timbre (de puerta, no de teléfono) dentro de la casa, una y otra vez. Le dije a mi amiga que alguien estaba llamando a la puerta, aunque ella no tenía (ni tiene) timbre en su casa. Entonces llegó otra limosnera, le dió una moneda de cinco pesos a mi amiga y se volvió a ir. Como si hubiera sido te doy limosna, pero tráeme mi cambio (como los señores en las misas que echan billete de cincuenta y agarran uno de veinte). Al ver esto, la primera mujer empezó a insistir más, rogando por la recién llegada moneda. Mi amiga, en vez de dársela, mordió un pedazo de la moneda; tan fácil como si fuera de chocolate, y la saboreaba con expresión de gusto y regocijo. La mujer lloraba por la moneda, a la vez que yo veía a mi amiga con cara de coño, al menos dásela para que ya se vaya, no mames. Ya harta de los llantos de la limosnera, mi amiga mordió un último mísero pedazo de orilla de moneda y se la dió. La mujer la tomó y se fue.

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domingo, febrero 25, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 22 (o ¿Sueñan las llamas con ovejas apagadas?)

Me encontraba en Chile dentro de una excavación en medio de unos edificios. Había un grupo bastante grande de personas, entre ellos amigos míos, que intentaban filmar una secuencia en la que seguían a alguien desde dentro de la excavación hasta afuera en una explanada cercana. Yo no estaba ayudando en la filmación porque estaba en un costado del lugar apañoteándome con una amiga, o al menos tratando pues nuestras bocas no llegaban a coordinar. Parecía que los dos buscábamos encontrar el ritmo del otro y ambos lo conseguíamos al mismo tiempo, lo que causaba que otra vez tuviéramos ritmos diferentes. Sus labios estaban pintados de rojo, quizá demasiado. Entonces empecé a besarle el cuello y los hombros, mientras ella me acariciaba y yo seguía bajando, besando su esternón y arriba de su ombligo. La sostenía de la cintura con una mano, mientras que con la otra acaricié desde su vientre hasta llegar al costado de su seno y le besaba debajo de la barbilla. Para entonces ya estaban todos los demás junto a nosotros y me gritaron molestos diciéndome que los ayudara porque no les salían las tomas y que yo era el único de todos ellos que sabía como hacerlas. Les dije que me esperaran un rato, que no se preocupen y que al final todo saldría bien. Pero todos empezaron a gritar diciéndome que no se podía esperar más. Entonces me paré y les dije que entonces me dieran la cámara y termináramos todo de una vez. Seguramente no les salía porque la cámara era una fotográfica Polaroid de esas instantáneas. Fuimos hasta el centro de la excavación y comenzamos a filmar. El actor corría por el terreno, por las escaleras, tablas, subidas y bajadas para salir del hoyo y llegar a la ciudad; yo lo seguía con la Polaroid. Cada cierto rato caía uno de los papeles fotográficos y unos chavos que corrían detrás de mí los atrapaban para que no cayeran al suelo. En la fotografía se repetía una y otra vez lo que se había grabado. Así hasta que llegamos a la explanada donde terminaba la escena. El actor se detenía, miraba al cielo y yo me ponía detrás de él haciendo una contrapicada. Vimos que en el cielo había algo que no debía de estar. Era un zeppelin, más cuadrado que redondo, completamente de metal oscuro y oxidado. Avanzó un poco más para luego girar 180º hacia arriba y regresar de cabeza por donde vino.

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domingo, febrero 11, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 21

Mi hermano menor y yo estábamos viviendo en casa de un cuate con el que estudié la prepa. Nos quedábamos en su cuarto (que era muy parecido al mío). En una cama mi hermano, en la otra yo y mi amigo en una hamaca. Se nos olvidaba que era su casa, porque casi nunca lo veíamos. Una vez entró una niña de piel casi negra, de unos 6 años y con la espalda llena de pelo. Se paró un momento inexpresiva en la puerta de la habitación, pero de repente empezó a gritar, corrió rapidísimo hasta mi hermano y si él no le hubiera sostenido las manos ella le habría clavado un tenedor que tenía. La niña seguía dando alaridos mientras forcejeaban, hasta que mi amigo le gritó y le dijo que se calmara. La niña se fue furiosa. Mi cuate me dijo que en realidad no era su hermanita, que era adoptada. Luego me pidió que lo acompañara a regresarla a su verdadera familia, en una tribu de África o algún lugar así.

La llevamos, la dejamos cerca de su aldea y nos fuimos.

La niña estaba parada y veía las chozas a no más de 100 metros. Una muchacha en el pueblo la alcanzó a ver. Era su verdadera hermana. La niña, al verla, empezó a correr hacia ella. La hermana le gritó que no corriera y se quedara donde estaba, toda la tribu se empezó a asustar y a gritar. La niña se detuvo y se dió cuenta que se encontraba en medio de muchas estacas clavadas en el piso. Cada estaca señalaba una mina terrestre. La hermana corrió hasta ella sin importarle las minas, la alcanzó y la abrazó. Fue cuando escuchó que todo el pueblo empezó a gritar y al voltear vió a un hombre tirado en el piso, atravesado por una de las estacas en el estómago. Todo se tornó a cámara lenta. El hombre salió disparado, elevándose unos 20 metros en el aire. La mina igual salió volando un poco más bajo. La hermana lo veía, se dió la vuelta y abrazó a la niña justo en el momento de la explosión. La onda de choque hacia que sus rostros se deformaran, sus ojos casi se salían de sus órbitas, las encías se separaban de la quijada, la nariz se despegaba de la cara a la vez que los orificios de la misma se alargaban y los cachetes parecían una sábana que se seca con el viento.
La hermana se despertó, tirada bocaarriba, unos segundos después. La niña estaba hincada junto a ella. La niña estaba bien. La hermana tenía unos jirones de carne y sangre en vez de pantorrillas. Entonces cayó sobre su estómago el torso quemado del hombre. Su cara estaba destrozada y casi sin piel, pero aún tenía los ojos. Los ojos la miraban a ella y a mí y a tí.


Y nos despertamos de lo horribles que eran sus ojos.

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martes, enero 09, 2007

Filmes de una cabeza inconsciente 20 (o Cement boots down with the big fishes)

Tim Burton iba a filmar 'Nightmare before Christmas'. Me pidió que yo decidiera cómo irían las tomas y los encuadres, él solamente me supervisaría. Estábamos ya en el set, una villa extravagante enfrente del océano. Me paré con la cámara en el muelle, afocando al mar y caminando de espaldas hacia el pueblo. Volteaba hacia las nubes, los árboles, las chimeneas de las casas y sus ventanas, así hasta que llegué a la ventana de la casa del personaje ese Jack, donde él cantaba y bailaba en su sala, hasta que se asomaba por la ventana preguntándose algo. Yo estaba fascinado de lo bien que me había salido todo: todos los encuadres habían sido perfectos, la velocidad fue ideal, mi mano se mantuvo fluída y estable... en eso escuché al señor Burton gritando '... yyyy Corte! Maravilloso! Se queda!'.
Me cagué encima porque yo solamente estaba haciendo una prueba, no había empezado a filmar.


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viernes, diciembre 29, 2006

Filmes de una cabeza inconsciente 19

Me encontraba en un campo abierto metido en una zanja cavada en la tierra. Conmigo había un hombre negro, calvo, de unos 50 años. Algo sucedía y por eso nos encontrábamos en la zanja. Le dije que se asomara para que viera qué estaba ocurriendo. Sacó la cabeza para observar, pero con la misma la volvió a bajar. Se restregaba el ojo izquierdo diciendo que algo le había entrado. Cuando por fin lo abrió ví que su ojo estaba destrozado y sangrando, pero él no se quejaba de que le doliera.

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sábado, octubre 28, 2006

Filmes de una cabeza inconsciente 18 (o Un diamante)

Caminaba por una serie de pasillos muy largos y altos. Cada uno de éstos tenía varios barriles colocados a cierta distancia el uno del otro. Me acerqué a un barril y ví que estaba lleno de arena. Pasé mi mano por encima de la arena, sin tocarla, y ésta se movió un poco dejando ver un cráneo que se encontraba enterrado en ésta. Hice lo mismo en los barriles de otros pasillos. En unos pasaba lo mismo, cráneos. En algunos no pasaba nada. Al final, metí mi mano en uno de los barriles que no tenían cráneo e hice a un lado la arena, sólo para encontrar que debajo de ésta habían bolsas de basura.
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Al despertar lo primero que hice fue lavarme la mano.

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miércoles, octubre 25, 2006

Filmes de una cabeza inconsciente 17

Llegó un cuate al cual no había visto desde la secundaria y me pidió prestada una cámara que estaba colgada en mi pared. Yo me encontraba grabando y aún la necesitaba, pero se la presté de todas formas. Me molesté conmigo mismo por nunca poder decir 'no'. El corto se fue a la mierda.

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jueves, septiembre 28, 2006

Filmes de una cabeza inconsciente 16 (o Autocreación de quien yo ni sé)

LaMaga vivía en un edificio con dos escaleras de caracol, una servía para subir y otra para bajar. Su departamento era blanco y, saliendo de un armario, una amiga quiso jugarme una broma envuelta en un cobertor, pero rió hasta la asfixia. La dejamos ahí y salimos. No era la primera vez que casi nos caíamos al intentar bajar por las escaleras de subida, pues estaban al revés.

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martes, septiembre 05, 2006

Filmes de una cabeza inconsciente 15

Estaba en el aeropuerto de la ciudad porque me iba a estudiar a Alemania. Ahí me encontré a un viejo muy chiquito y cabezón, él era una amiga; pero no se me hizo extraño que mi amiga se encontrara en el cuerpo de un anciano. Me dijo que ella igual se iba a Alemania. Anunciaron que nuestro vuelo se canceló por causas misteriosas. Regresé a mi casa.
Al despertarme al día siguiente fui al cuarto de mis papás y me asomé por la ventana. Observé cómo en el cielo aparecía un pequeño espiral negro, el cual arrastraba todo el cielo hacia su interior a la vez que se hacía más grande. Al final dejaba todo el firmamento en un negro total. En ese momento, un búho pasó volando muy lentamente, como en cámara lenta, por enfrente de mí y se paró en el muro a un costado de mi casa. Cuando volví a mirar al cielo éste ya estaba otra vez pintado de nubes y azul. En el mismo lugar apareció el espiral negro y de la misma forma absorbió todo el cielo. Después de un rato el cielo se iluminó otra vez y fue nuevamente absorbido. Y así una y otra vez sin final.
Luego me enteré que lanzarían a dos científicos en una cápsula espacial hacia el vórtice del espiral.

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miércoles, agosto 09, 2006

Filmes de una cabeza inconsciente 14 (o Repercusiones a una noche después de ver Noviembre)

En altamar, un hombre no le dispararía a un tigre;
porque ahí ninguno de los dos siente.
Alguien en el sueño.


Me fui a estudiar teatro a España, quedándome en la misma casa donde vivían los integrantes de Noviembre y uniéndome al grupo. Después de instalarme en una de las habitaciones le bajé la novia a Alfredo (sí, aparentemente soy imparable y terriblemente sensual), aunque este hecho no pareció tener muchas repercusiones negativas ni resentimientos. Ya después estaría hablando por teléfono con mi hermano, comentándole cómo me estaba yendo y describiéndole el lugar. Cuando terminé de hablar con él noté que todos los demás habían salido, así que me dije: No, pus sí... voy a aprovechar para ir a reinar tranquilito y sin pena, con nadie que me moleste. Así que entré al baño para hacer lo mío. El baño era idéntico al del cuarto de mi abuelo, con dos puertas en lados opuestos que daban a distintas recámaras de la casa. Me desnudé completamente (porque así me siento más cómodo), pero antes de sentarme fui a cerrar la otra puerta del baño por si acaso alguien entraba. Pero cuando lo hacía escuché que alguien abría la primera puerta detrás de mí, y ví que entraba una de las muchachas de la casa. Jesúuuuus, pensé; y con la velocidad del rayo salí por la puerta que estaba yo cerrando y logré escabullirme antes de que ella notara que me encontraba ahí. Al cerrar la puerta me encontré en unos baños públicos, extremadamente amplios, iluminados y limpios, pero no había nadie. Caminé un poco y descubrí que el lugar era inmenso, un gran complejo de baños públicos interconectados, al pasar por la puerta que debería de salir de uno enseguida entrabas a otro totalmente idéntico. Un laberinto de baños en el cual yo me encontraba perdido y desnudo. Fue entonces que, de repente, me topé con un niño en calzonera. Mi reflejo en ese momento fue arrancar a correr como el diablo y alejarme de ese niño, pero comencé a encontrarme en todo el laberinto con más y más gente, todos en traje de baño y pues yo corría encuerado con todas mis ganas. Entraba a una puerta y a otra, pasando de unos baños a otros sin parar y sin parar, hasta que en una de esas logré salir. Esta última puerta me sacó de los baños y me hallé en un parque acuático, en pleno domingo-super-día-festivo-autosardina que estaba lleno de gente el maldito lugar. Y pues que sigo corriendo con toda la fuerza y vitalidad del mundo, en medio de toda la gente conmocionada al divisar a un verdadero hombre desnudo. Corrí por todo el parque acuático y regresé al laberinto de baños, pasé unas cuantas puertas y dí con la del baño de la casa. Ya no estaba la muchacha, me vestí nuevamente y salí, ya habían regresado todos los del grupo. Nos preparamos, era hora de salir a la calle e intentar cambiar este puto mundo.


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